Un hombre como tú

Soy un hombre como tú, como todos. Un hombre de familia, con preocupaciones, pero sobre todas ellas por hacer un México mejor.

Siempre recomiendo a las personas y principalmente a los jóvenes, que nunca se den por vencidos porque en todos hay tropiezos y aciertos. Puedo compartirles que muy joven con espíritu de rebeldía, sin ninguna experiencia decidí independizarme; busqué un poco la ayuda de amigos de mis propios padres; me acerqué con entusiasmo a una amistad que se encontraba en el Sindicato de Obreros del Estado de México y le comenté “Quiero trabajar, quiero desarrollarme” y él me responde “sí con mucho gusto te ayudo a que comiences a trabajar”

Realmente regresé contento a casa, sin saber mucho en ese momento, porque posteriormente me enteré que él había llamado a mis padres para comunicarles que acudí a pedirle trabajo y bueno; sí me recibió días después en una empresa automotríz de gran renombre. Me presento con solicitud elaborada, bien vestido, con la mejor actitud y me atienden en Recursos Humanos donde al llegar me dicen: “Pásale, pero antes equípate, prepárate y ponte un oberol tu casco y todo lo demás porque vamos a entrar a la fábrica”.

Pensé en ese momento que me harían un recorrido para mostrarme la planta, a pesar de que iba con la idea de ocupar un puesto en las oficinas. Al mismo tiempo ya estaba estudiando mi carrera y buscaba algo para desarrollarme como auxiliar profesional. Sin embargo terminando el recorrido me colocan frente a una máquina de soldadura, ya mi oberol estaba manchado y me comentan que ese iba a ser mi lugar de trabajo; obviamente me puse nervioso y caminé rápido al departamento de personal para decirles que iba buscando trabajo en oficina, pero me respondieron “no, tú vas a trabajar en la planta iniciando de obrero”.

En ese momento internamente pensé y me dije porqué no internarlo; así que tomé el trabajo y dije “puedo con eso y puedo más”. En forma de chiste el gerente me da su gafete y me dice “Si quieres te doy mi puesto de gerente”; a lo que le respondí “no, claro que no, sé que puedo comenzar de obrero y puedo más”.